miércoles, 6 de enero de 2016

La felicidad  es una actitud y no una meta

Por María José Ibarra Soto

No es fácil vivir en Chile: somos un país blanco de innumerables fenómenos sísmicos y climáticos, sujeto a una abrumadora fuerza laboral dedicada a servicios, que nos dotan de una rutina extensa y extremadamente inflexible. Somos, televisiva y digitalmente, una sociedad híper reactiva, enjuiciadora y tremendamente desconfiada, que de manera casi increíble, en la medición de bienestar elaborada por la encuesta Casen, muestra un incremento en su nivel de felicidad.

¿Qué hace que un país tras vivir un año crítico, sometido a desastres naturales, aumento del desempleo, desconfianza política e inestabilidad social, sea comparativamente más feliz que antes?, tal parece que la felicidad no proviene de una generalización nacional, sino más bien, un “producto” de la intimidad.

La medición formal del “bienestar” a nivel global está encabezada por la ONG británica The New Economics Foundation, que en el año 2008  señaló a Bután (un pequeño reino de 730 mil habitantes) como el país más feliz del mundo.

En él, las condiciones de vida son muy lejanas al ideal occidental de felicidad basada en el materialismo, por el contrario, una postal típica del país responde a una sociedad austera y rústica, carente de grandes avances tecnológicos, pero con un inquebrantable sistema autosustentable (donde no dependen del sistema de importaciones ni están sujetos a la economía de escala) y sus valores fundamentales son el respeto a la naturaleza y a la cultura originaria.

En comparación, la preocupación por la felicidad de la población chilena comenzó a gestarse en el año 2004, donde un aumento exponencial de las licencias médicas asignadas por problemas de salud mental (como depresión, estrés y trastornos de ansiedad), comenzó a tener repercusiones económicas, motivando las primeras políticas de estado durante el gobierno de Ricardo Lagos.

En ellas, se expresó la necesidad de medir las percepción de la vida más allá de los parámetros económicos, educacionales y sociales, producto de lo cual, desde el año 2008 la encuesta Casen incorpora el “bienestar” en su evaluación, donde la subjetividad del concepto es lo más bello de analizar.

Todos hemos experimentado la felicidad y sabemos que no es una película de larga duración, a veces es una escena, un capítulo o un instante de plenitud, que en nuestra cultura queda plasmada en el himno de Violeta Parra llamado “Gracias a la vida”, donde una mujer, dueña de nada más y nada menos que su cuerpo, nos enseña que la felicidad no proviene de tener lo quieres, sino, de apreciar lo que tienes.

Es importante destacar que mientras las innovaciones tecnológicas y relacionadas a la apariencia, redes sociales, deportes de alta convocatoria y “lujo” poseen una frontera invisible, y se acoplan de manera casi inmediata a los adolescentes y adultos jóvenes del país, el camino a la espiritualidad y la elevación intelectual ha tenido un viaje mucho más lento, donde poco a poco el chileno resiste el placer de una moda pasajera y se dedica a forjar una investigación autodidacta de hábitos saludables y espiritualidad, por ejemplo, relacionados a alimentación saludable, deporte, terapias naturales, homeopáticas y disciplinas como el feng shui, el yoga, y  la sensoterapia.

Pese a la infinidad de metodologías, ellas poseen un punto en común: no somos seres divididos en una parte física y espiritual, no somos seres desconectados de la naturaleza, por el contrario, somos seres integrales, formamos parte de ella, y existe la necesidad de alejar las corrientes de pensamiento que nos llevan al futuro, para lograr así, conectarnos con la sensación presente, la calma y la perfección del “ahora”.

Todo lo investigado da a entender que la felicidad es una actitud: un estado que se origina en la reflexión profunda y la decisión de apartar los problemas cotidianos, hasta mirar la vida en su complejidad y grandeza con ojos de aprendiz.
Así ella no depende de grandes logros, ni objetos tangibles, sino de detalles tan pequeños como apreciar la luz del sol, pasar momentos con la familia o comer tu plato favorito.
Afortunadamente, los chilenos comenzamos a entender esto, y de manera gradual, comenzaremos a regalar tiempo a otros, a ser más pacientes y generosos.

¿Qué estás esperando para ser feliz ahora?







Bibliografía
  •     Revista Paula, Editorial Copesa, edición n°1189
  •     Ottone, Ernesto. Columna ”Esa absurda obsesión”, revista “Ya”, diario El Mercurio, 24 de Noviembre de 2015.

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